Zambombas sí, pero no así: Jerez merece un modelo que cuide a su gente y a su patrimonio
No se trata de prohibir, sino de ordenar y seguir proponiendo medidas viables como:
– Las Zambombas son fiestas de Navidad, y por eso tiene sentido celebrarlas en diciembre; si las adelantamos a noviembre, la presión sobre la movilidad, los servicios públicos y la vida cotidiana de la ciudad se vuelve insostenible.
– Tasa específica por ocupación del espacio público: que quien instale barras, veladores o estructuras de notable impacto pague una tasa adecuada, transparente y finalista. Lo recaudado puede destinarse a limpieza extra, seguridad, baños públicos y mantenimiento del centro. Es de sentido común.
– Autorizaciones limitadas y condicionadas: el Ayuntamiento debe definir cuántas barras se permiten, dónde y en qué condiciones. Y las autorizaciones deben vincularse al cumplimiento estricto de aforos, accesibilidad y horarios.
– Espacios diferenciados para grandes eventos: las Zambombas masivas pueden y deben existir, pero en lugares preparados para ello, no en calles estrechas donde se colapsa la gente y la seguridad no está asegurada.
Que no nos arrebaten lo que es nuestro, la Zambomba de Jerez que nació del pueblo para el pueblo, está en riesgo de convertirse en algo que no nos representa. Pero todavía estamos a tiempo.
Si ponemos límites, si pensamos más en la gente que vive aquí que en las cifras de consumo, podremos conservar lo más valioso: una tradición que nos une, que nos emociona y que nos recuerda quiénes somos.



